El pasado 2 de abril viví un Deja Vú. Me encontré de nuevo con Jorge Garbajosa, una persona por la que he sentido un amplio respeto siempre.
Le vi jugar a baloncesto por primera vez en La Casilla, cuando él formaba parte del Urbina Maltzaga, en Liga EBA, y se enfrentó al Bilbao Patronato (mis primeros años como periodista, año 1995).
[tweetshare tweet=»Veía a Garbajosa, después de cada entrenamiento, quedarse a tirar triples y triples. ¿Para qué lo hará?, pensaba yo. Después le vi en la selección y en los Raptors, y lo entendí» username=»aibarrondo»]
Después, pasamos años en Vitoria. Él como jugador en formación que se fue convirtiendo en una estrella. Yo como periodista en desarrollo profesional. Me sorprendía ver los entrenamientos (que vi muchos). Y comprobar que se quedaba a tirar triples y triples cuando terminaban las sesiones. ¿Para qué tirará de tres, si juega debajo del aro? Pensaba. Luego le vi en la selección española sentenciar partidos desde la línea de 6.25 m., o fichar por Toronto Raptors de la NBA, y lo entendí.
Recuerdo cómo lamenté su marcha a Trevisso. Recuerdo con cariño aquellos años en Vitoria (Garbajosa, Millera, Perasovic, Cazorla, Angulo, Manel Comas y compañía). Y recuerdo cómo he respetado cada paso que ha ido dando Jorge, hasta convertirse en presidente de la Federación Española de Baloncesto (incluso después de verle, en directo, ganar al Baskonia un último partido y celebrar en Vitoria un título de liga ¡con Unicaja!).
Así que ahora, muchísimos años después de verle por primera vez, se me sigue quedando esta cara cuando coincido con él.

Por cierto, coincidí con Garbajosa el 2 de abril, en la entrega de los premios Ramón del Corral que organiza Dircom. Ahí entregué a Llorente y Cuenca (LLYC) el premio como mejor evento externo de hasta mil personas, por su proyecto ‘Siente el color’ realizado por el Área Consumer Engagement para Coca-Cola.
